El día que la ciudadanía tomó las riendas

Después de casi un año de duración del proceso electoral 2017-2018, por fin llegó el día de la elección; pero, aunque durante estos meses podíamos pensar en algunos escenarios posibles, hoy se siente diferente escribir estas líneas, porque después de lo ocurrido, todo tiene que ser diferente.

Mucho se dijo de que esta sería una elección histórica tanto por el número de cargos que se iban a renovar como por el número de ciudadanos que podrían votar. Sin embargo, sabíamos que había algo más que la haría diferente: los cambios que parecían inminentes.

Ver casillas con largas filas de gente esperando emitir su voto y los múltiples incidentes que hubo principalmente en las casillas especiales desde temprana hora, comenzaba a mostrarnos un panorama que, quizás, ni el mayor de los optimistas se hubiera imaginado: los ciudadanos salieron a manifestarse, a buscar un cambio.

Sí, los ciudadanos hablaron y le dieron un triunfo arrasador al candidato, prácticamente electo, Andrés Manuel López Obrador con más del 50% de la votación total emitida, algo que no se había visto en este país.

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Sin demeritar a quienes creen por convicción en el proyecto que el candidato de Morena presentó a lo largo de su campaña, también tenemos que considerar que gran cantidad de esos votos fueron un castigo para PRI, PAN y PRD, lo que muestra parte de la crisis que estas instituciones han venido cargando desde hace tiempo pero que muchos se encargan de desmentir.

 

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Esto es algo en lo que el nuevo partido en el poder tendrá que trabajar. Lograr que con acciones, los ciudadanos vuelvan a creer y no solo en los partidos, sino también en la política.

El partido político que fundó AMLO logró llevarse, como dicen por ahí, una gran rebanada del pastel con triunfos inesperados, siendo Veracruz uno de los más relevantes.

Pero, no solo arrebató plazas que se veían casi inclinadas en favor de otro partido, sino que, gracias también a su coalición con el Partido del Trabajo y con el Partido Encuentro Social, logró algo de lo que solo el PRI puede presumir y eso es obtener mayoría absoluta en el Congreso.

Ahora podemos hablar de un nuevo partido hegemónico. Pero, no pensemos en ese PRI que gobernó este país por más de 70 años, sino que, ahora, es un gobierno de izquierda, -la cual, por historia, siempre se ha identificada por estar dividida en su interior y ser desorganizada.

Aunque es cierto que esta hegemonía llega en un momento en el que la oposición está dividida y debilitada, también debe ser momento de que los partidos políticos reflexionen sobre sus liderazgos internos y la pérdida de legitimidad con la que han sido castigados.

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Hoy por hoy no podemos pensar en un político priista, panista ni que decir perredista que haya acompañado al partido desde joven, que sea un líder moral del mismo y que sobretodo, que refleje unidad y fuerza hacia el exterior.

Al contrario, caímos en una política de jóvenes sin experiencia y que compiten por los cargos ya sea por los lazos familiares que tienen o simplemente, porque se saltaron cualquier proceso democrático interno y se postularon, situación que al día de hoy, les está cobrando factura.

Al día de hoy, decir que Morena puede adquirir ciertos tintes con los que se creó el PRI en 1929 puede sonar un tanto aventurado, pero recordemos que éste último surge como un partido que congregaba diversas corrientes políticas que eran afines a la reconstrucción de la unidad nacional después de los enfrentamientos revolucionarios y que buscaba una mayor distribución equitativa de la riqueza.

Precisamente, es esto lo que no se debe perder de vista; pues, al conjuntar diversas corrientes, los vicios fueron costosos y el partido tricolor se convirtió en una estructura de proporciones enormes que controló lo que quiso y que ahora se ve debilitado como nunca en su historia.

AMLO tiene un gran reto y es no convertir a Morena en un partido presidencialista, pues debe aprender de la historia, esa que a veces tanto nos duele, para lograr el cambio que tanto ha prometido desde su primera postulación a la presidencia.

No debemos caer en una histeria colectiva y ver este resultado solo desde lo blanco o lo negro; es cierto, el candidato electo, López Obrado, no cuenta con una aprobación total, ¿pero qué candidato en el mundo la tiene?

Como cada 6 años, ese ejercicio democrático de acudir a las urnas y emitir un voto arrojó un resultado que incide directamente en nuestro día a día y aunque no compartamos propuestas e ideales, trabajemos para que llegue ese cambio, exijamos y aplaudamos cuando así tengamos que hacerlo, hagamos historia pero no solo porque un partido u otro llegara al poder, sino por cómo asumimos los retos que esto trae consigo; hoy no hubo lugar para el fraude, pero sí para que la ciudadanía tomara las riendas.

 

 

Imagen: Commons

 

 

EP

 

 

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