Así narra la UNAM la masacre estudiantil de 1968: Nunca Más

El lunes, 1° de octubre de 2018, la Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), publicó un artículo titulado: Muertos, heridos y cientos de detenidos. Tlatelolco 2 de octubre 18:10 horas. Un documento cuya narrativa explica lo sucedido aquella tarde. Una fecha en el calendario y en la memoria donde se evidencia cómo la autoridad aplastó la protesta estudiantil.

A continuación se hace una transcripción tal cual del artículo publicado por la Máxima Casa de Estudios sobre lo ocurrido el pasado 2 de octubre de 2018.

Crónica de la masacre | UNAM

Miércoles, 02 de Octubre de 1968.

En el cine Tlatelolco se exhibe la película La trampa (The trap), con las actuaciones estelares de Oliver Reed y Rita Tushingham.

Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba y Anselmo Muñoz, portavoces del Consejo Nacional de Huelga, se reúnen por primera vez, en la casa del rector Barros Sierra, con Andrés Caso y Jorge de la Vega Domínguez, representantes presidenciales, y así se inician las negociaciones para establecer el diálogo entre los estudiantes en huelga y el gobierno.

La reunión termina al mediodía, con la propuesta de los representantes presidenciales de continuar las pláticas al día siguiente en Casa del Lago.

Dos horas después, durante una sesión del CNH celebrada en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), en Zacatenco, los tres integrantes de la comisión negociadora informan que los resultados de la entrevista con los representantes presidenciales han sido positivos, pues, aunque las tres condiciones previas al diálogo no fueron aceptadas de inmediato por éstos, dejaron ver la posibilidad de que el gobierno ceda en varios puntos.

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A continuación, el CNH resuelve que esa tarde sí se realizará el mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, pero se suspenderá, por considerarla peligrosa, la manifestación final hacia el Casco de Santo Tomás, todavía ocupado por el Ejército. Además, se pide a los miembros del CNH que, por razones de seguridad, no se presenten en el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua, donde únicamente deberán estar los oradores y el maestro de ceremonias. Por último se leen los discursos para que se aprueben.

Bajo un cielo nublado, el mitin da comienzo. Unas 10 mil personas llenan la Plaza de las Tres Culturas. La multitud está conformada no sólo por estudiantes, sino también por padres de familia, niños, vecinos, vendedores ambulantes y curiosos. En el tercer piso del edificio Chihuahua hay periodistas nacionales, corresponsales y fotógrafos extranjeros, enviados para cubrir los Juegos Olímpicos, así como los oradores estudiantiles.

Desde el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores –ubicado a un costado y a donde llegó en las primeras horas de la mañana en compañía de camarógrafos y técnicos, y con ocho cámaras de cine de 35 milímetros–, el cineasta Servando González dirige la filmación del mitin, obedeciendo las órdenes de Luis Echeverría, secretario de Gobernación.

Cuando un contingente de trabajadores aparece por el sendero que corre a un lado de la Vocacional 7, llevando en lo alto una manta con las siglas que los identifican, el maestro de ceremonias –Anselmo Muñoz– dice al micrófono desde el balcón principal del edificio Chihuahua, utilizado como tribuna: “¡Recibamos con un gran aplauso, compañeros, a la delegación Pantaco de los trabajadores ferrocarrileros!”.

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A las 18:10 horas, después de que dos oradores ya han hablado y se ha avisado a la multitud que la manifestación hacia el Casco de Santo Tomás se canceló, de uno de los dos helicópteros que han estado sobrevolando la plaza caen dos luces de Bengala –una verde y otra roja– junto a la iglesia de Santiago Tlatelolco. Entretanto, una columna de soldados avanza a bayoneta calada hacia la plaza, a través de las ruinas prehispánicas ubicadas a un costado de ésta.

Sócrates Amado Campos Lemus, uno de los líderes del CNH, le arrebata el micrófono a Anselmo Muñoz, y grita: “¡Calma, compañeros, no corran, es una provocación!”

Un instante más tarde se oyen detonaciones de arma de fuego…

La multitud, aterrorizada, empieza a dispersarse y a correr en todas direcciones, al tiempo que los soldados suben las escalinatas de las ruinas (otros salen también de la parte inferior del edificio Chihuahua) y llegan a la plaza, donde intentan cercar a la gente.

De pronto, los soldados comienzan a ponerse pecho a tierra y a disparar hacia la multitud y hacia los edificios que rodean la plaza. La confusión es total.

Varios jóvenes vestidos de civil, de cabello corto, sin documentos de identificación y con un guante o pañuelo blanco en la mano izquierda –que integran el Batallón Olimpia, grupo paramilitar destinado a labores de seguridad durante la próxima Olimpiada y que llegaron a Tlatelolco en la mañana– son quienes disparan hacia la plaza, apostados en la azotea de los edificios Chihuahua, 2 de Abril, 15 de Septiembre, ISSSTE 11 y Revolución de 1910, en la iglesia de Santiago Tlatelolco, en departamentos del edificio Chihuahua y en el balcón del tercer piso de éste, mientras otros de sus compañeros se dedican a someter, a punta de pistola, a los que encabezaban el mitin y a otros miembros del Consejo Nacional de Huelga.

La balacera se generaliza y caen los primeros heridos (entre ellos el general José Hernández Toledo, quien comanda un batallón de fusileros paracaidistas y quien meses antes había reprimido a los estudiantes en Morelia y guiado la toma de San Ildefonso) y muertos…

Cientos de personas se guarecen, unas sobre otras, entre las ruinas prehispánicas; otras buscan refugio en la iglesia de Santiago Tlatelolco (pero nadie les abre); y otras más logran esconderse en departamentos de los edificios aledaños o escapar por los pasillos de la unidad habitacional. Las ráfagas de ametralladora y las detonaciones de los fusiles y pistolas, y los gritos y lamentaciones de las víctimas llenan el aire.

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En el tercer piso del edificio Chihuahua, la periodista italiana Oriana Fallaci, quien se encuentra en el país con motivo de los Juegos Olímpicos y fue invitada al mitin por el periodista mexicano Rodolfo Rojas Zea, recibe dos balazos –uno en la espalda y otro en una pierna– y pide ayuda…

El tiroteo desencadena varios incendios en distintos pisos de ese mismo edificio y perfora los tinacos y las tuberías, de tal modo que el agua empieza a escurrir y a inundar algunos departamentos.

Conforme la noche cae, los disparos se van espaciando cada vez más, pero no cesan del todo. Los soldados peinan la zona (incluso ingresan por la fuerza en muchos departamentos de la unidad habitacional) en busca de más estudiantes y miembros del CNH. La Unidad Nonoalco-Tlatelolco, sin luz y sin servicio telefónico, permanece acordonada por el Ejército.

El fotógrafo de Luis Echeverría, Manuel Gutiérrez Paredes, Mariachito, registra con su cámara lo que sucede en el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua. Las cámaras de los fotógrafos de diversos medios nacionales e internacionales son confiscadas por los militares.

Poco a poco, algunos integrantes del Batallón Olimpia, auxiliados por elementos del Ejército, de la Dirección Federal de Seguridad, de la Policía Judicial Federal y del Servicio Secreto, bajan por las escaleras a los que detuvieron en el tercer piso del edificio Chihuahua y, luego de obligarlos a quitarse los pantalones y la camisa, los colocan frente a las paredes de la planta baja, con los brazos en alto. Muchos detenidos lucen muy golpeados, como Florencio López Ozuna, uno de los oradores en el mitin.

Varios dirigentes del CNH son detenidos. Los capturados en el edificio Chihuahua son identificados por policías infiltrados en el movimiento estudiantil y conducidos al Antiguo Convento de Santiago Tlatelolco.

Los heridos son trasladados por las ambulancias, que ululan sin cesar, a diferentes hospitales.

En la Plaza de las Tres Culturas y entre las ruinas prehispánicas se aprecian manchas de sangre, bolsos de mujeres, zapatos desperdigados y prendas de vestir también ensangrentadas.

A las 23 horas, cuando un grupo de detenidos es sacado de la zona por la parte posterior del Antiguo Convento de Santiago Tlatelolco, estalla una nueva balacera entre francotiradores y soldados.

Hay muertos en la Tercera Delegación, en la Cruz Roja, en el Hospital Rubén Leñero, en el Hospital de Balbuena, en el Hospital Central Militar…Los detenidos son concentrados en el Campo Militar Número Uno.

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A medianoche, ante periodistas extranjeros, Fernando M. Garza, director de prensa y relaciones públicas de la Presidencia de la República, declara extraoficialmente que el saldo de la contienda es de cerca de 20 muertos, 75 heridos y más de 400 detenidos. Y agrega que se quiso acabar con el “foco de agitación” y que la tranquilidad durante los Juegos Olímpicos está garantizada.

Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional, dice en otra rueda de prensa que el Ejército intervino en Tlatelolco, a petición de la policía, para sofocar un tiroteo entre dos grupos de estudiantes; que la tropa fue recibida a balazos por francotiradores; y que aquél duró aproximadamente una hora.

También precisa que la operación militar la encabezó el general Crisóforo Masón Pineda, comandante del 44 Batallón de Infantería; que se sabe que hay muertos y heridos tanto del Ejército como de los estudiantes y que el Ejército uso armas reglamentarias y los estudiantes metralletas.

Y asegura: “El comandante responsable soy yo. No se decretará el estado de sitio; México es un país donde la libertad impera y seguirá imperando”.

Luis Echeverría, secretario de Gobernación, señala que el diálogo con el Comité Nacional de Huelga quedó establecido una vez que el presidente Díaz Ordaz contestó los seis puntos del pliego petitorio en su IV informe. Y añade: “La situación en México equivale a realidades complejas respecto a las cuales nosotros mismos tenemos que hacer minuciosas reflexiones y análisis”.

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Jueves, 03 de octubre de 1968.

Titulares de los principales diarios nacionales: El Universal: “Tlatelolco, campo de batalla”; Novedades: “Balacera entre francotiradores y el Ejército, en Ciudad Tlatelolco; El Sol de México: “El objetivo, frustrar los XIX Juegos”; La Prensa: “Balacera del Ejército con estudiantes”; Excélsior: “Recio combate al dispersar el Ejército un mitin de huelguistas”; Ovaciones: “Sangriento tiroteo en la Plaza de las Tres Culturas”; El Heraldo de México: “Sangriento encuentro en Tlatelolco”; El Día: “Muertos y heridos en grave choque con el Ejército en Tlatelolco”.

En la parte superior de la página 7-A del diario Excélsior aparece publicado el cartón de Abel Quezada. Lleva por título “¿Por qué?” y es un rectángulo completamente negro.

La zona donde ocurrió ayer la matanza presenta un panorama desolador. Los vidrios y las fachadas de los edificios Chihuahua, 15 de Septiembre, Aguascalientes, Tamaulipas, Atizapán e ISSSTE 11 están destrozados por los miles de proyectiles que se dispararon. Y en la Plaza de las Tres Culturas se ven tanquetas y grupos de soldados armados.

El texto continúa aquí.

Imagen principal: Commons 

EP

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