La Educación del “aquí no pasa nada”

En noviembre 13, apenas unos días atrás, El Colegio de México amaneció con notas anónimas redactadas por estudiantes de la institución. Se leían en pizarrones, en las jardineras, en las mesas de salón y de cafetería. Sus autoras eran mujeres todas. El mensaje: aquí también acosan.

Quien haya estudiado en esa institución sabrá que el hecho es una rareza y no. Rareza porque ahí la protesta no es cosa ordinaria como en otras instituciones públicas. Quizá habría que decirlo de otro modo: porque esa institución pública no se presta para protestas ordinarias. De ahí que el acto llame realmente la atención. De ahí también que debieran enfatizar las redactoras: aquí también acosan. Por otra parte, las notas no sorprenden por ser absolutamente anónimas.

El Colegio de México reviste un aura particular en la academia mexicana. Tan solo llegar a ese umbral de la Carretera Picacho Ajusco, enmarcado por un brutal marco de piedra solida, es como una invitación a experimentar el sentimiento religioso a la Rudolff Otto: la absoluta insignificancia de sí mismo. Por ello digo deliberadamente “aura”: la categoría con la que un investigador de esa institución describía la percepción del Presidente de la República como un ser de otro mundo, inaccesible e intocable, en la época dorada del PRI.

El Colegio de México no es espacio para cualquiera, ahí se forman secretarios de Estado, de ahí mamaron los intelectuales de este país. Es la institución académica del país… al menos esa es la historia que se cuentan y que otros deciden creer. Y frente a su exclusividad ha de sentirse envidia; dada su pureza, admiración; ante su autoridad, la sumisión.

 

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Física y administrativamente El Colegio de México está fincado sobre el concepto de autoridad. Un dato: en El Colegio no hay Rector ni Director; hay un Presidente de El Colegio de México. O sea que no se trata de una figura de conducción o guía; sino de una de autoridad. A aquellos se les escucha; pero a la última se le obedece. Y por analogía: con los profesores de El Colegio no se discute; se aprende. Sin duda hay muy honrosas excepciones, pero ello no invalida la regla: el aura de la institución, que la hace a toda ella intocable. Repito, no es gratuito que la denuncia ocurra del modo más anónimo posible.

En lo personal, no me sorprenden las denuncias de acoso sexual: ocurren en todas partes y con diversas orientaciones. Ello no significa que lo condone. Simplemente anoto que lo loable y lo repugnante están a la par en ahí donde hay humanos y, por tanto, El Colegio de México no tendría porqué ser la excepción. Lo que no tiene justificación es la respuesta de la institución.

El comunicado, firmado por la Presidenta [sic] de El Colegio, comienza por recordar que sus Principios Éticos condenan este tipo de conductas. Acto seguido, señala que esta administración (subrayo: administración, acaso habrían escrito “sexenio” si no es porque no les dan los años) ha trabajado para garantizar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, lo cual supone la elaboración (futura) de un Protocolo para prevenir el hostigamiento sexual. Insiste en la igualdad de género y concluye diciendo que las “expresiones recientes de nuestra comunidad destacan la urgencia de concluir y poner en marcha este protocolo”.

Del hecho de que se trata de una agresión sexual y no de “igualdad de oportunidades”, nada. Del hecho de que se trata de chicas agredidas desde una posición de autoridad, nada. De la necesidad de una investigación, nada. De consecuencias, nada. Del hecho que las notas anónimas revelan que la atmósfera de El Colegio no es en absoluto propicia para denunciar conductas semejantes, nada. Dicho brevemente: aquí no pasa nada y por tanto no haremos nada… bueno, un protocolo, como teníamos planeado.

El Colegio ha formado cantidad de servidores públicos, vía por la cual ha incidido enormemente sobre el modo mexicano de gobernar. De ahí que el comunicado tenga un aire de familiaridad: como los comunicados gubernamentales, fue escrito para simular. Ni reconoce una realidad, ni comunica cómo se atiende. Es un texto escrito para defenderse. Su objeto es ser escrito (porque “hay que hacer un comunicado”) y acaso apaciguar alguna opinión.

Como tantos gobiernos de nuestro país –de todo signo–, es un comunicado que no entiende que la palabrería no basta. Es el comunicado de una institución Presidencial acostumbrada a la pasividad, al silencio, a la sumisión. Una manera de entender la autoridad del pasado… que debe quedar en el pasado.

Cuando Emma Rouault se arrepintió de haber denigrado interiormente a su esposo Charles Bovary, Flaubert anotó que ya era muy tarde: No hay que tocar a los ídolos; su dorado se nos queda en las manos.

 

Visita el blog personal del Mtro. Andrés Pola Prendes dando “click” en el siguiente enlace.

 

Imagen principal: Twitter

 

EP

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