Nadie

Poema:

Camino y camino, y no llego.
Voy tarde a ninguna parte,
donde alguien me espera y me nombra,
en silencio,
seguro de nuestro encuentro.
¡Tic-toc, tic-toc!,
cada paso más cerca de la muerte,
más lejos de mi destino.

Es terrible.

Todo instante se me escapa.
Apenas tomo conciencia de él, desaparece,
y eso es lo que soy,
el recuerdo de quien fui,
la incertidumbre de quién seré.

Soy
el silencio de mi padre,
la palabra de mi madre,
el canto de un pájaro de pecho rojo en medio de la noche,
aquel cuyo insomnio no tiene cura
y ríe, como un perro,
porque ha perdido el rumbo,
y para encontrarse escribe,
en vano:
la náusea me ha invadido.

Calle tras calle mi malestar aumenta.
Y qué, me digo.
Esclavo de esta enfermedad susurro no.
Todo o nada.
Ese es mi sendero.
Eso es lo que soy.

Soy
la mirada de agua de mi amada,
el andar de piedra de mi abuelo,
la voz eterna de Perseo una tarde de diciembre,
Yenneli y la ilusión del mañana,
la lealtad de Santiago y Memo durante el ahogo de un grito,
la edificante sonrisa de Neris,
nadie.

Después de tanto, amanece,
como hace 23 años.
Y es hermoso.
Un instante grabado para siempre en la memoria.
Cansado, vuelvo a casa,
donde nadie me espera ni me nombra,
donde yo espero y nombro a un hombre,
en silencio,
seguro de nuestro encuentro.

 

 

Juan Carlos Baños

 

 

 

Imagen principal: Commons

 

EP

 

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