Felipe Ángeles, una “Gloria de mi Raza”

Entre las frases populares que comúnmente forman parte de nuestro enriquecido repertorio coloquial, nos encontramos con una muy acoplada al caso del General Felipe Ángeles, “hasta que te hizo justicia la revolución”.

Felipe de Jesús Ángeles Ramírez, un general revolucionario al que poco a poco la Historia lo ha ido colocando en el lugar siempre debió tener, y no se trata sólo del nombre de un aeropuerto del que su construcción ha causado controversias políticas.

Me refiero al lado humanista, estratega, leal, patriota y distinguido revolucionario, del cual su figura había quedado empolvada en los recuerdos de la revolución.

Apreciable audiencia, les pido que se pongan cómodos pues esta columna no trata de una nota informativa o meramente bibliográfica, vamos a hablar sobre la trascendencia de la vida de un hombre cuyos ideales y formación quedarán inmortalizados en la memoria del pueblo de México y de cual, muchas de nuestras figuras públicas y políticas deberían tomar como ejemplo.

Así es, una columna de opinión con un contenido un tanto subjetivo y a manera de homenaje de quien ha sido inspiración para el de la voz.

***

Noviembre 26 de 1919, Ciudad de Chihuahua, seis de la mañana, el General Felipe Ángeles iba caminando sereno, para plantarse frente a un pelotón de fusilamiento, que acabaría con su vida y con las esperanzas de la revolución mexicana.

Seguro para esas fechas el viento era de ese que cala los huesos, una celda fría, una sentencia de muerte infundada, disfrazada de legalidad y emitida desde la Ciudad de México por un autoproclamado supuesto “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista”, Venustiano Carranza.

Sentencia transmitida, mal actuada y mal fingida por un vergonzoso Consejo de Guerra que no respetó una resolución de amparo y que actuó en un marco de ilegalidad al sentenciar a alguien que ya no era militar, pero que era un estorbo para las intenciones de Carranza quien pensaba que el general tendría aspiraciones presidenciales.

Deben ser difíciles las horas previas a un encuentro con la muerte, más si sabes que ya estás literalmente sentenciado. Dentro de una celda fría y vacía, las horas pueden pasar muy rápido o pueden llegar a ser demasiado lentas.

Ángeles tuvo la grandeza de dejarnos un hermoso testimonio de su existencia y su trayectoria, mismo que fue predicado durante su juicio y cerrado con broche de oro mientras esperaba su encuentro con el paredón. De esto fue testigo el teatro de los héroes en la Ciudad de Chihuahua y la penitenciaría del Estado, en donde el general cayó sobre su costado derecho, mirando hacia el cielo y con los ojos abiertos para recibir el tiro de gracia.

La historia popular no oficial, le ha dejado brillar en algunas canciones, de hecho, existe el corrido de Felipe Ángeles donde en una de sus estrofas dice “Ángeles era valiente, valiente era sin segundo, casi se podía decir que ya no había otro en el mundo”; en “Al filo del reloj” de los Tigres del Norte dice “Te contaré de un valiente fusilado allá en Chihuahua, lo sentenciaron a muerte con la firma de Carranza y a las seis de la mañana al paredón lo llevaban, y tú pequeño hombrecillo que te conviertes en juez, haces el juicio a las tres y fusilas a las seis, después te lavas las manos, dices se cumplió la ley”.

Youtube: Al filo del reloj, Los Tigres del Norte.

Poco se ha escrito o poco se conoce sobre la trayectoria de Ángeles, ya que hasta los años sesenta, la historia del Villismo había segregada de las versiones oficiales, contadas por los supuestos vencedores de la revolución. Ángeles, al ser parte fundamental de las glorias villistas, enemigo directo de Carranza y actor demasiado incómodo para los aguaprietos (Obregón y Calles), correría con la misma suerte, quedando casi en el olvido.

De manera amplia, podemos mencionar que Ángeles siempre tuvo una visión recta y humanitaria de su carácter como jefe revolucionario y como parte del Ejercito. Es muy cierto que fue formado dentro del Colegio Militar de Chapultepec, bajo la presidencia de Porfirio Díaz; posteriormente fue enviado a Francia a especializarse en sus estudios castrenses, denunció algunas irregularidades y acciones fraudulentas de Manuel Mondragón (uno de los responsables del cuartelazo de 1913).

Con la elección de Madero como presidente, Ángeles fue nombrado Director del Colegio Militar, para ese entonces ya era reconocido por su inteligencia y trayectoria. Posteriormente, Madero lo envió a Morelos a apaciguar la rebelión zapatista.

Sin embargo, Ángeles siempre mostró respeto por sus adversarios, al grado de ganarse el reconocimiento de los rebeldes, quienes incluso le señalaron personalmente (Genovevo de la O) haberle respetado la vida en una zona donde estaba preparada una emboscada en su contra, esto se ve reflejado también en una carta que en 1919 Zapata escribió al General diciendo: “He tenido ocasión de ser informado de la correcta actitud que usted ha sabido conservar, sin manchar en lo más mínimo sus antecedentes de hombre honrado y militar pundoroso, que hace honor a su carrera. De hombres así necesita la revolución”.

***

En febrero de 1913, cuando Madero se da cuenta que el golpe de estado estaba materializándose (lo que se conoce como la decena trágica), acude personalmente hasta Cuernavaca para pedir al General que ayudara a contener el golpe en la Ciudad de México.

Sin embargo, las jerarquías del ejército determinaron que sería Huerta quien estuviera al mando, el resto de la historia lo sabemos, se obligó a Madero y a Pino Suarez a renunciar a sus cargos como presidente y vicepresidente y posteriormente fueron asesinados, con lo que Huerta asumiría la presidencia después de varios movimientos políticos.

Hasta el último momento Felipe Ángeles estuvo con ellos, incluso mientras estuvieron detenidos en la intendencia de Palacio Nacional, a él lo detuvieron porque sabían de la lealtad que tenía para con Madero y por lo que podría ser un factor para su rescate, el General decía con pesimismo “A Don Panchito lo truenan” y así sucedió. Se dice que fue respetada la vida de Ángeles por lo que representaba para el Colegio Militar; no obstante, fue exiliado.

En su regreso a México, se puso a las órdenes del movimiento constitucionalista, desde entonces fue mal visto por los ya mencionados aguaprietos y el grupo de Carranza, quienes le dieron una labor más burocrática, tratando de relegarlo y de restar valor a su  figura, hasta que pudo unirse a las tropas de la División del Norte al lado de Francisco Villa, ahí fue el encargado de la artillería y fue el cerebro de ese ejército, de donde se gestaron gran parte de los grandes logros de la revolución, en las batallas que determinaron la caída de Huerta, como lo fueron las tomas de Torreón y Zacatecas.

Durante su tiempo con Villa, Ángeles fue la única persona que contrarió al centauro del norte y seguía vivo, le hacía muchos señalamientos sobre respetar la vida de los prisioneros enemigos, procuraba trasmitir esos valores de respeto y humanidad al caudillo, aunque sin mucho éxito.

En una entrevista con Frazier Hunt, Francisco Villa dijo sobre Felipe Ángeles:

Usted, señor Hunt, ha tenido muchas palabras de elogio para la División del Norte.

Pues bien, todo el éxito se lo debí a él, Felipe Ángeles. Organizó los batallones, los regimientos, las divisiones, la artillería y el cuerpo del servicio sanitario.

Los cuerpos de zapadores. Comunicaciones. Un hombre muy educado, instruido en la ciencia de la guerra. Todo se lo debí al general Ángeles. Una gloria de mi raza.

Eso fue Felipe Ángeles, un hombre muy bueno, a quien debo gran parte de mis conocimientos militares, valiente, honrado, de buen corazón. Un hombre a quien yo quise mucho…

Regresando al trágico fin del General, no está por demás señalar que como si de una novela dramática se tratara, escribió una carta dirigida a su esposa Clara Kraus, en donde daba algunos detalles de sus últimas horas y a manera de despedida le decía:

Adorada Clarita: […] pienso con afecto intensísimo en ti. Tengo la más firme esperanza de que mis hijos serán amantísimos para ti y para su patria.

Diles que los últimos instantes de mi vida los dedicaré al recuerdo de ustedes y les enviaré un ardientísimo beso.

Desde que me separé de ti, en diciembre del año pasado, he pensado en ustedes. Siempre que mi espíritu se ha reconcentrado en sí mismo, he tenido hasta ahora ternura y amor infinitos por la humanidad y para todos los seres del universo.

Desde este instante mi ternura, mi amor y mi recuerdo serán para ti y para nuestros cuatro hijos.

Aquí es donde remata la parte conmovedora de la historia de amor entre Clara y Felipe, unos días antes del fusilamiento habían cumplido veintitrés años de casados. Pero el drama es que Clara se encontraba muy mal de salud, por lo que en esos días escribió una carta al general, para que le fuera entregada en cualquier lugar donde se encontrara, en el escrito ella se despedía lamentándose de dejarlo en la viudez y dejar a cuatro hijos en la orfandad.

Tenía la esperanza de volverse a encontrar con él en algún lugar donde el tiempo no existiera. Clara falleció el 8 de diciembre de 1919, apenas trece días después del fusilamiento del General. Por su situación de salud no pudo leer la carta que él le escribió en sus últimos instantes y el General tampoco pudo leer la carta en donde su esposa se despedía.

Ninguna de las cartas llegó a su destino, a Clara se le iba la vida por motivos de salud, mientras al general lo atropellaba el tren de la revolución.

Hoy, a más de cien años de su ejecución, podemos señalar que es un personaje que no tiene comparación dentro de la historia de México, prefirió luchar por sus ideales y por su patria, que vivir en una situación cómoda con una vida tranquila.

Es de resaltar los valores y lealtad que siempre demostró, su sentimiento patriota y humano se refleja en una frase escrita por él :

La política no es un fin, la revolución no es un fin. Son medios para hacer hombres a los hombres.

Nada es sagrado, excepto el hombre. Hay algo frágil, débil, pero infinitamente precioso que todos debeos defender: la vida.

En uno de sus últimos argumentos durante su juicio señaló:

Sé que me van a matar, pero también sé que mi muerte hará más por la causa democrática que todas las gestiones que hice en mi vida, porque sólo la sangre de los mártires fecundiza las grandes causas.

Con lo que aquella mañana del 26 de noviembre de 1919, no sólo murió Felipe Ángeles, también murió la revolución mexicana

 

 

Imagen principal: Commons

 

 

EP

 

 

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